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Alerta amarilla

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Imagen de la noticia: Alerta amarilla
David Ballarín, cabizbajo © Avram Alexandru
5/11/2026
Por José Antonio Jerruz Mancilla

Hay tarjetas que parecen tener consecuencias mucho más allá de la advertencia arbitral. En el CD Estepona, recibir una amonestación —sobre todo durante la primera mitad— se está convirtiendo en un motivo bastante frecuente para abandonar el terreno de juego antes de tiempo.

Manolo Sánchez parece tenerlo claro. Cuando uno de sus futbolistas ve una tarjeta amarilla en los primeros compases del encuentro, el riesgo de quedarse con un hombre menos durante buena parte del partido lleva al técnico rojillo a tomar medidas. Y los números empiezan a dibujar una tendencia difícil de pasar por alto.

En las nueve jornadas disputadas hasta el momento, esta situación se ha repetido en seis de ellas. Ballarín y Ariel Herrero fueron los primeros en comprobarlo frente al Xerez CD. Ambos vieron la cartulina amarilla antes de la hora de partido y fueron sustituidos en el 58'. Una jornada después, ante el Linares Deportivo, le llegó el turno a Julen Jon Guerrero, amonestado en el 23' y sustituido en el 72'.

La secuencia continuó en las siguientes semanas. Bakary Sow, en Puente Genil, y Pablo Arriaza, en Tenerife, fueron sustituidos al descanso después de recibir una tarjeta amarilla durante la primera mitad. En ese mismo encuentro frente al filial tinerfeño, Titi fue amonestado tras el descanso y abandonó el terreno de juego en el 58'.

La sexta jornada volvió a dejar dos ejemplos más. Antonio Marín y Ballarín vieron la amarilla en el 45' frente al Club Atlético Central. El primero se quedó en el vestuario, mientras que el segundo permaneció sobre el césped hasta el 68'.

La última muestra de esta tendencia llegó el pasado fin de semana en la visita a tierras lebrijanas. Titi, amonestado en el 14', fue sustituido al descanso. Pablo Arriaza, que vio la tarjeta en el 32', abandonó el campo en el 65'.

Una tendencia que llama la atención

Siete futbolistas amonestados y diez sustituciones relacionadas con esta circunstancia. Unos números que invitan a pensar que no se trata de decisiones aisladas, sino de una pauta que Manolo Sánchez está aplicando con cierta regularidad.

La explicación parece evidente. Un jugador que ya tiene una tarjeta amarilla puede verse condicionado a la hora de disputar determinados balones, entrar al choque o frenar una acción del rival. Además, una segunda amonestación puede dejar al equipo en inferioridad numérica y cambiar por completo el desarrollo de un partido. Anticiparse a ese escenario es una forma de proteger al equipo.

Sin embargo, la decisión también tiene otra cara. Sustituir a un futbolista por estar amonestado supone renunciar a sus minutos, alterar los planes iniciales y, en ocasiones, perder a un jugador que estaba ofreciendo un buen rendimiento. Tampoco todos los partidos presentan el mismo contexto ni todas las tarjetas implican el mismo riesgo.

Y ahí aparece una cuestión que merece la pena plantearse: ¿realmente compensa retirar del campo a un futbolista por el simple hecho de haber visto una tarjeta amarilla? ¿O, por el contrario, debería valorarse cada situación atendiendo al desarrollo del encuentro, la posición del jugador, el marcador y el riesgo real de una segunda amonestación?

La prudencia puede evitar una expulsión, pero también puede terminar condicionando al propio equipo. Porque no todas las tarjetas amarillas son iguales y, quizá, tampoco deberían tener siempre las mismas consecuencias.

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