Golpe en Lebrija: el CD Estepona asalta el fortín del mejor local

El CD Estepona ganó donde casi nadie gana. Y no es una frase hecha.
El conjunto de Manolo Sánchez se impuso 1-2 al Atlético Antoniano en el Estadio Municipal de Lebrija, uno de los campos más exigentes del Grupo 4. El viernes lo definíamos como una prueba de carácter.
El equipo respondió.
Imagen: CD Estepona
Un campo casi inexpugnable
El Antoniano había perdido solo dos partidos como local en toda la temporada. Si la liga se jugara únicamente en Lebrija, sería líder.
El Estepona no sobrevivió. Compitió.
Fue un partido serio, trabajado, con dominio en muchos tramos y personalidad suficiente para gestionar un segundo tiempo de máxima exigencia.
Ganar allí no es casualidad. Es contexto.
Ariel, diferencial
El 0-1 llegó en el minuto 24.
Balón parado a favor del Antoniano. Recuperación inmediata. Pase de primeras de Héber Pena desde campo propio. Desmarque perfecto de Ariel Herrero. Carrera, control de tiempos y definición desde fuera del área en el uno contra uno.
Transición pura.
El 1-1 (33’) fue un accidente. Centro desde la izquierda y despeje desafortunado de Cristian “Titi” que terminó en propia puerta.
Pero el equipo no se desordenó.
En el 44’, en la última acción del primer tiempo, llegó uno de los goles de la temporada. Falta lateral jugada en corto por Duarte, centro de Héber al segundo palo, rechaces, balón suelto en la frontal… y Ariel, de primeras con la izquierda, la clavó en la escuadra.
Un gol de delantero en estado de confianza.
Ariel suma 4 goles en 7 partidos tras su regreso de lesión. Y siempre que marca, lo hace por partida doble.
No es estadística. Es impacto.
Segunda parte de madurez
La posesión fue ligeramente favorable al Estepona (48%-52%), con más disparos (11-14) y un partido abierto.
Pero lo que define la segunda mitad no son los números. Es la gestión emocional.
El Antoniano empujó.
Alfonso Liceras apareció con intervenciones determinantes.
El equipo supo defender con balón y sin él.
Hubo ocasiones para sentenciar —Samu Expósito tuvo dos claras— y momentos de tensión. La expulsión local en el 84’ ayudó a cerrar el escenario, pero el trabajo ya estaba hecho.
En la primera vuelta, este tipo de partidos se escapaban en el descuento.
Esta vez no.
Gestión, sanciones y esfuerzo
La victoria deja también lectura interna.
Sandji Barandji vio la tarjeta amarilla en el minuto 20, la quinta de la temporada, y cumplirá ciclo de sanción la próxima jornada. Era, junto a Javi Duarte, uno de los apercibidos antes del encuentro.
Duarte, por su parte, evitó la amonestación pero no pudo finalizar el partido con normalidad debido a molestias físicas en los últimos minutos. Terminó con esfuerzo, pero con signos evidentes de fatiga.
Detalles que no empañan la victoria, pero que obligan a gestionar con precisión un tramo decisivo.
Manolo Sánchez: humildad competitiva
El técnico contextualizó el triunfo con claridad:
“Era un campo muy difícil. Aquí han ganado muy pocos equipos ante el mejor local de la categoría.”
Y resumió la importancia del resultado sin grandilocuencias:
“Hemos conseguido ganar y sumar tres puntos.”
La línea no cambia:
“Humildad y trabajo. Ese es el camino.”
Sin euforia.
Sin dramatismo.
Con realismo competitivo.
Clasificación: la distancia se reduce
El Estepona suma ahora 20 puntos y continúa 16º.
El playout lo marca el Salerm Puente Genil con 29. La distancia se reduce a nueve puntos.
No es un salto definitivo, pero sí el primer recorte real en semanas.
La posición no cambia. El margen sí.
Y cuando el calendario aprieta, cada punto que se resta al objetivo modifica la ecuación.
La aritmética sigue siendo exigente.
Pero ya no es la misma que el viernes.
La afición también estuvo a la altura
El autobús organizado por el club se llenó.
Hubo desplazamiento en vehículos particulares.
Hubo voz.
La imagen final, equipo y grada celebrando juntos en uno de los campos más difíciles del grupo, es coherente con lo que se quiere construir.
La permanencia no será individual. Será colectiva.
Jugadores, cuerpo técnico y afición.
Más que tres puntos
No es una victoria anecdótica.
Es ganar al mejor local.
Es competir con madurez.
Es sostener un resultado cuando antes se escapaba.
Quedan 11 jornadas.
No hay euforia.
Pero sí argumentos.
Y por primera vez en muchas semanas, el calendario deja de ser una amenaza inevitable.
Empieza a ser un desafío.
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