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El plan de Manolo en Lebrija: presión, transición y madurez competitiva

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17/2/2026
Por El Vigía

El CD Estepona no ganó en Lebrija por inspiración. Ganó por plan.

La victoria ante el mejor local del grupo no fue accidental. Fue consecuencia de un dibujo claro, una idea reconocible y una ejecución muy consciente del contexto.

Imagen: CD Estepona

5-4-1 que se convierte en 4-5-1

El sistema inicial volvió a ser el que Manolo Sánchez ha consolidado desde su llegada: tres centrales (Caro, Titi y Antonio Marín), dos carrileros largos (Iván Muñoz y Ballarín), un centro del campo físico y dinámico (Duarte, Sandji y Sergio León) y Ariel como referencia.

Pero la clave está en la adaptación.

Defendiendo, el equipo basculaba hacia una línea de cuatro con Iván cerrando como lateral y Ballarín bajando altura. En el medio se formaba una línea de cinco muy compacta, con Héber ayudando en banda y Sandji con libertad para saltar a presión.

Atacando, el esquema volvía al 5-4-1 con carrileros profundos y amplitud real.

No es solo un sistema. Es una estructura flexible.

El detalle del once: contexto y físico

La suplencia de Alfonso Candelas no fue casual.

Campo pequeño (95x64), césped artificial con desgaste evidente y partido de duelos constantes. Iván Muñoz ofrecía más potencia y recorrido para ese escenario.

La titularidad de Sergio León, con su presencia física, también responde al contexto: segundas jugadas, disputas aéreas y equilibrio en un campo donde el juego directo es frecuente.

Manolo no improvisa. Ajusta.

Presión alta y transición preparada

Desde el primer balón se vio la intención. Duarte sacó directamente a zona de córner para activar presión tras pérdida.

El Estepona presionó arriba. No esperó.

El 0-1 es la mejor fotografía: recuperación inmediata tras balón parado rival, pase vertical de primeras y ruptura al espacio de Ariel.

Pero no fue la única. En la segunda parte hubo varias situaciones similares que no terminaron en gol por fuera de juego o faltas tácticas.

El equipo estaba preparado para correr.

Y lo hizo mejor que el Antoniano.

Con balón: más combinativo que el rival

El Antoniano buscó amplitud constante por su extremo izquierdo, Makuemimo. De ahí nace el 1-1.

El Estepona fue más paciente.

Carrileros profundos.
Centrocampistas con pausa.
Duarte marcando ritmo.
Héber conectando por dentro.
Sandji con movilidad y llegada.

No fue un equipo reactivo. Fue un equipo que eligió cuándo acelerar.

Y en la segunda parte decidió defender con balón. Posesiones más largas, menos intercambio de golpes, más inteligencia.

Eso también es competir.

La gestión del 1-2

Tras el descanso no hubo repliegue desesperado.

Hubo concentración.

El Antoniano comenzó a acusar desgaste físico a partir del minuto 70. Su juego directo —recuperar, abrir a banda y centrar— exigía un esfuerzo constante.

El Estepona, en cambio, alternó pausa y transición.

No renunció a correr.
No renunció a tener balón.
No se encerró.

Eso es madurez competitiva.

La solidez defensiva como base

Más allá de nombres propios, hay un dato evidente: el equipo encaja menos y compite mejor cuando logra estabilidad defensiva.

En la primera vuelta, los partidos se rompían con demasiada facilidad. En este tramo, el bloque es más compacto, la presión está mejor coordinada y el equipo concede menos situaciones claras.

No es cuestión de individualidades. Es estructura.

El sistema de tres centrales, el trabajo de los carrileros en retorno defensivo y el equilibrio del centro del campo han reducido los espacios entre líneas.

Y cuando el equipo encaja menos, el margen para sumar aumenta.

En esta categoría, la diferencia no suele estar en marcar tres goles. Suele estar en conceder uno menos.

El cambio estructural de la era Manolo

Desde la llegada del técnico, el equipo ha perdido solo 2 de 9 partidos.

7 puntos en 14 jornadas antes.
13 puntos en 9 jornadas ahora.

El dibujo es más estable.
El bloque más compacto.
La presión más coordinada.
La transición mejor trabajada.

No es casualidad que el equipo ya no sea el de la primera vuelta.

Es evolución.

Conclusión

Lebrija no fue un golpe aislado.

Fue la confirmación de una identidad.

Un equipo que presiona.
Un equipo que corre.
Un equipo que gestiona.
Un equipo que entiende el contexto.

La permanencia sigue lejos.

Pero tácticamente, el Estepona ya compite como un equipo que cree.

Y eso, en esta categoría, es el primer paso para sostener cualquier reacción.

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