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CD Estepona 3-1 Real Madrid C: la noche en la que Estepona volvió a creer

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18/5/2026
Por El Vigía

Hay noches que terminan cuando el árbitro pita el final.

Y hay otras que continúan durante días.

La del sábado en el Francisco Muñoz Pérez pertenece claramente a las segundas.

Porque más allá del 3-1 al Real Madrid C, más allá de la permanencia y más allá incluso de la invasión final de campo, lo que dejó aquella noche fue una sensación mucho más profunda:

la de haber vivido el nacimiento de algo.

Porque después de la resaca emocional, de las imágenes repetidas una y otra vez, de los abrazos, de las lágrimas, de la charanga sonando sobre el césped y de una ciudad entera celebrando como si acabara de quitarse un peso gigantesco de encima… queda una realidad imposible de ignorar:

el CD Estepona ha cambiado para siempre.

Y probablemente el club todavía no sea consciente de todo lo que ha construido en apenas unos meses.

Imagen: CD Estepona

El Muñoz Pérez volvió a sentirse vivo

El ambiente empezó mucho antes de las 21:00.

Muchísimo antes.

Desde primera hora de la tarde ya se notaba que aquello no era un partido normal.

La previa en el recinto ferial.

La gente caminando hacia el estadio.

Las camisetas rojillas por toda la ciudad.

Los nervios.

La ilusión.

La sensación colectiva de estar viviendo algo importante.

Muy importante.

Y al entrar al estadio, el contexto terminaba de confirmarlo todo.

Las cartulinas rojas preparadas sobre los asientos.

El mosaico.

La grada entrando en ebullición.

Y ese ambiente extraño que solo aparece en las noches grandes:

una mezcla constante entre tensión, ilusión y confianza.

No parecía un partido por la permanencia.

Parecía una final.

Y el estadio respondió como si lo fuera.

Porque lo fue.

Un equipo preparado para competir cuando más pesa el partido

El Estepona entendió desde el primer minuto qué tipo de noche tenía delante.

Y actuó como un equipo preparado para jugarla.

El golazo de Héber Pena en el minuto 8 hizo explotar al Muñoz Pérez y confirmó algo que el equipo llevaba semanas transmitiendo:

había salido a ganar.

A competir.

A ir.

No a sobrevivir.

El empate del Real Madrid C al inicio de la segunda parte generó durante unos minutos esa sensación incómoda que aparece en este tipo de eliminatorias, porque el fútbol siempre encuentra la manera de meter tensión incluso cuando parece controlado.

Pero ahí apareció otra vez la personalidad competitiva de este equipo.

La misma que lo ha traído hasta aquí.

Y apenas tres minutos después, David Ballarín, que entró en el descanso, golpeó de nuevo la eliminatoria con un 2-1 que prácticamente desactivó cualquier intento de reacción del filial blanco.

Ahí probablemente muchos empezaron a sentirlo.

Ese momento donde el estadio deja de sufrir…

y empieza a creer de verdad.

Después llegó el gol de Samu Expósito.

Y con él, la liberación definitiva.

Porque si alguien representa también esta permanencia desde el esfuerzo silencioso es precisamente él, haciendo todo lo posible para llegar a esta eliminatoria después de la lesión de clavícula y terminando además por cerrar la noche más importante de la temporada.

Liceras volvió a sostener al equipo cuando tocaba

Y aunque el partido fue bastante controlado por parte del Estepona, volvió a aparecer algo que ya se ha convertido casi en costumbre durante estos meses:

la seguridad de Alfonso Liceras.

Porque incluso en partidos donde el equipo domina, él siempre termina apareciendo.

Siempre deja esa parada.

Ese momento.

Esa acción que sostiene emocionalmente al grupo.

Y probablemente ahí también se explica gran parte de esta permanencia.

En la tranquilidad que transmite.

En la sensación de que el equipo compite sabiendo que detrás hay alguien capaz de salvarlo cuando el partido lo exige.

Lo más importante no fue el resultado

Y probablemente ahí esté la verdadera lectura de todo lo vivido el sábado.

Porque sí, el CD Estepona consiguió la permanencia.

Pero lo realmente importante seguramente sea otra cosa.

La conexión que se ha creado.

La identidad que se ha construido.

La sensación de pertenencia que ha vuelto a aparecer alrededor del club.

Porque durante muchos años el fútbol en Estepona necesitaba precisamente esto:

volver a sentirse importante.

Volver a mover una ciudad.

Volver a generar ilusión.

Y lo que se vivió en el Muñoz Pérez demuestra que eso ya está pasando.

La comunión entre plantilla, cuerpo técnico, directiva y afición ahora mismo parece absoluta.

Desde un presidente como José Hidalgo, presente una vez más en el momento importante, compartiendo fotos, abrazos y conversaciones con la afición tras el partido; hasta un cuerpo técnico que ha conseguido conectar completamente con la grada desde una idea muy concreta:

ir.

Someter.

Competir.

Y probablemente ahí esté una de las grandes victorias de Manolo Sánchez.

Porque más allá de salvar la categoría, ha conseguido algo muchísimo más difícil:

que la gente vuelva a identificarse con el equipo.

Que el aficionado vaya al estadio sabiendo lo que va a ver.

Un equipo valiente.

Un equipo que aprieta.

Un equipo que juega hacia delante.

Un equipo que cree.

Y eso cambia completamente un club.

Esto ya no parece una permanencia

Por eso cuesta ver todo esto únicamente como “salvarse”.

Porque la sensación que queda es muy distinta.

Más cercana al nacimiento de un proyecto que a la simple supervivencia deportiva.

Hace apenas unos meses el descenso parecía prácticamente inevitable.

Hoy el contexto es radicalmente diferente.

Y no solo por seguir en Segunda RFEF.

Sino por todo lo que se ha construido alrededor.

La profesionalidad.

La estructura.

La conexión con la ciudad.

La sensación de crecimiento.

La ilusión que vuelve a respirarse.

Y sí, probablemente ahora el verdadero reto será convertir todo esto en continuidad.

Porque lo vivido el sábado debería marcar un antes y un después para el club.

Para la campaña de abonados.

Para el crecimiento social.

Para la identidad del proyecto.

Porque después de ver un Muñoz Pérez lleno, vivo y completamente conectado con su equipo… cuesta imaginar que esto vuelva atrás.

Y ahí está seguramente la mejor noticia de todas.

El Vigía también necesitaba escribir esto

El 11 de febrero de 2026 apareció la primera noticia firmada por El Vigía.

Aquel titular decía:

“El CD Estepona, a doce puntos de la permanencia tras 22 jornadas”.

En aquel momento el club necesitaba algo muy concreto:

que la gente no se desconectara.

Que siguiera creyendo.

Que siguiera mirando.

Que siguiera sintiendo que todavía era posible.

Porque todavía lo era.

Y probablemente todo lo que vino después demuestra precisamente eso:

lo importante que puede llegar a ser una afición cuando decide no abandonar a su equipo.

Hoy, tres meses después, el CD Estepona seguirá en Segunda RFEF.

Y el contexto ya no se parece absolutamente en nada al de aquel febrero.

Por eso esta no es solo la última crónica de la temporada.

También es un pequeño cierre emocional.

Porque ahora toca descansar.

Procesar todo lo vivido.

Y entender que lo del sábado no fue únicamente una permanencia.

Fue una demostración de que este club vuelve a estar vivo.

Y de que probablemente…

esto acaba de empezar.

El Vigía volverá antes del primer partido oficial de la temporada 2026/27.

Y para entonces, el CD Estepona ya no mirará hacia abajo.

Mirará hacia algo mucho más grande.

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